
Desde la psicología del deporte el enfoque que se le presta a la motivación es la de considerarlo un factor más del entrenamiento que todo buen deportista no puede olvidar. Ésta incide en el rendimiento y resultado, pero además hay otros muchos factores que inciden: expectativas, atribuciones del éxito y del fracaso, afrontamiento del estrés, manejo de la ansiedad pre-competitiva, atención, concentración etc.
En este apartado vamos a desgranar los diferentes aspectos de trabajo psicológico aplicado al deporte. Lo expuesto puede ser aplicado a deportistas de muy diferentes niveles. La única diferencia que los distinguirá serán sus objetivos deportivos, bien competición, bien salud y bienestar.
En diferentes medios de comunicación se etiqueta la ausencia de motivación como una de las causas de un desenlace negativo deportivo.
Según esto cualquiera que perdiese una partida de padel estaría en situación de desmotivación: la misma que nuestra gran deportista de alta montaña Edurne Pasabán, cuando no ha logrado finalizar alguna de sus proezas.
Equivocado estaría quien piense que la base de todo buen deportista está sólo en sus niveles de motivación, pues según esto, el denostado empeño de nuestra deportista podría ser etiquetado como locura.
No es desacertado pensar que detrás de repetidos tropiezos deportivos pueda estar a la base del problema un clima motivacional negativo que empapa a deportista y cuerpo técnico, pero tampoco sería cierto generalizarlo a cualquier deporte y cualquier deportista.
No hay que olvidar que de la misma forma que en el día a día no somos capaces de estar al 100% de nuestras cualidades físicas y mentales, tampoco en el deporte es posible este nivel.
Los elementos de motivación extrínseca que percibe un deportista de alto nivel no son su único referente: prueba de ello está en deportistas de altísimo nivel que han echado a perder sus vidas a pesar de “tenerlo todo”.
Con este planteamiento es posible preguntarse dónde reside el “quid”, el engranaje que facilita un nivel óptimo de motivación en el deportista. Fundamentalmente se encuentra en lo que se denomina Plan Integral de Competición (PIC), que no es más que el camino a seguir para llegar a ser “el mejor”, en mi deporte, en mi actividad física.
Pasemos ahora a ver alguna aplicación práctica, tanto en deportista de alto rendimiento, como en deporte amateur, como aquellos que buscan salud-bienestar.
Los que buscamos en el deporte un lugar de esparcimiento, relax y salud, cumplimos nuestros objetivos, nuestro PIC y por lo tanto alcanzamos dosis altas de motivación, cuando somos capaces de alcanzar el vestuario, nos enfundamos los aparejos de práctica deportiva y realizamos la rutina prevista para ese día.
Al final de la sesión, en el SPA, la ducha, donde encontramos el refuerzo que nos motiva para volver y cumplir con nuestra siguiente sesión de entrenamiento, que permitirá alcanzar nuestros objetivos previstos desde que iniciamos la práctica deportiva.
Aquellos que dedican su tiempo deportivo a competición amateur lograrán un alto nivel motivacional cuando su empeño les permite ganar ante el rival de cada fin de semana, completando así su compromiso personal y de equipo.
Los deportistas de alto rendimiento o de élite fijan sus objetivos a largo y corto plazo: igual que cualquiera de nosotros.
Cualquier acción, permitida y reglada, permita llegar a sus objetivos, implica dosis elevadas de motivación, que integra el deportista a su bagaje psicológico, comenzando de inmediato el proceso de preparación para la siguiente afrenta competitiva.
Cabe aquí un ejemplo de uno de nuestros mejores deportistas de la historia de España. Tras uno de sus múltiples triunfos deportivos, era requerido por el gabinete de prensa del torneo de forma imperiosa para comparecer ante los medios. La respuesta que recibió quien perseguía a Nadal fue similar a esta: “antes de atender a la prensa tengo que dedicar treinta minutos a realizar estiramientos”, lo que se ha dado en llamar técnicamente, vuelta a la calma. En este caso, el deportista defiende sus objetivos fuera de la competición deportiva. Sus objetivos son claros, derivando en acciones concretas, que facilitan respuestas acertadas ante estresores externos.
Lejos de sentir repulsa ante tales palabras nuestro deportista fue felicitado por su cortesía, amabilidad y nivel de profesionalidad.
Éste ejemplo, igual que otros señalados con anterioridad, son un vivo ejemplo de dónde se sitúa la motivación, orientando de forma acertada las acciones bien sea para subir catorce ocho miles, bien para perder unos kilos de peso y encontrarnos a gusto con nosotros mismos.