
En el pasado número se señalaba que el pádel es “un deporte de cooperación-oposición…”, en el que resulta importante la colaboración de un buen compañero dentro de la pista e imprescindible añadir a este equipo humano los recursos psicológicos para el adecuado manejo de la confrontación deportiva en pista.
Este espacio lo dedicaremos al manejo del estrés y el control emocional como factores psicológicos susceptibles de trabajar junto a otras habilidades deportivas propias del deporte que nos ocupa durante los entrenamientos y en la acción competitiva.
En el artículo anterior mencionábamos la necesidad de generar un nivel de activación y control atencional que facilita “meternos” en el partido.
Estas habilidades pueden verse alteradas por un elevado nivel de estrés.
El estrés y el control emocional son dos aspectos muy ligados, pues el primero conduce al segundo.
El estrés ocurre en situaciones que consideramos complejas, poco manejables y de difícil resolución. No todos reaccionamos de igual manera ante los mismos estímulos estresores. Conviene detectar qué situaciones, dentro y fuera del juego generan esta reacción psicológica, con ausencia del control emocional; o física, por ejemplo la presencia de dolor por una lesión.
Ambos no suelen presentarse de forma aislada llevando el uno al otro o viceversa.
La gestión emocional mejora el afrontamiento al estrés, regula nuestro estado anímico y posibilita un juego más dinámico y acertado.
El manejo del estrés implica controlar y reducir la tensión que ocurre en situaciones estresantes, haciendo cambios emocionales y físicos.
Para poder realizar una evaluación adecuada de las situaciones estresoras, es conveniente comprometerse con uno mismo al cambio, pues la detección por si sola no implica mejora.
Por tanto un paso de autoconocimiento que plantea cuestiones previas a la competición serían las siguientes: cómo de estresante pienso que resulta el partido que voy a jugar, cuál es mi nivel de motivación para el encuentro, qué grado de importancia otorgo a cada jugador, cuál es mi nivel de confianza, qué ocurre si pierdo, etcétera.
Estas son algunas de las preguntas que determinan la necesidad de un mayor o menor apoyo por parte de un profesional del campo de la psicología del deporte.
Como se explicaba en el número anterior se trata de minimizar las situaciones en las que exista ausencia de control o manejo de las situaciones que pueden desencadenar en estrés competitivo.
De nuevo se hace necesario demarcar los objetivos para cada partido, realizando una estimación del nivel de estrés que se puede generar, compartir con el compañero los modos de actuar y reaccionar frente a situaciones de difícil resolución, estableciendo rutinas de comunicación que facilitan el apoyo entre ambos.
Así mismo es bueno practicar estas rutinas durante los entrenamientos y repasarlas antes de la situación de competencia.
Una vez vencida conviene calcular el grado en el que ha estado presente y la afectación sobre el juego, para definir y pulir detalles que pueden mejorarse.
Las mejoras se pueden comprobar por la sensaciones positivas que genera el control del partido, la aceptación del reto y cambio de las emociones negativas por positivas y cuando se es consciente de ganar en intensidad, esfuerzo y estabilidad.
Casi todo lo expuesto de forma implícita requiere control emocional.
Es importante conocer que las emociones pueden llegar a bloquear nuestro juego, derivado de una autocompetencia negativa.
Enfadarse por un mal juego, perder la concentración en el juego, dejarse llevar por la rabia facilita un descontrol emocional.
Esto es, emitir juicios negativos acerca de nuestro juego, por cómo nos vemos, por cómo pensamos que nos ven los demás, por lo que deberíamos ser capaces de hacer, etcétera.
En este caso el control emocional pasaría por un trabajo de carácter cognitivo, enfrentando las emociones a una racionalización objetiva. Es decir, el pensamiento nos lleva a las emociones y las emociones a la comportamiento.
Se trata de invertir el orden: emoción –positiva-, pensamiento dirigido y racional, comportamiento.
Tanto en la pista como fuera de ella de forma automática emitimos juicios que minan nuestro potencial. Delimitar cuándo y cómo se producen inicia el afrontamiento. Un entrenamiento repetido y sistemático facilita la construcción de un mejor afrontamiento sustentado en sólidos pilares positivos.
Desde esta sección queremos haceros llegar aspectos de la psicología aplicada al deporte, bien amateur o profesional.
Os animamos a que planteéis vuestras inquietudes escribiendo al mail: juangilnogues@el-psicologo.es.
Muchas gracias a todos.
Juan Gil Nogués
www.el-psicologo.es



