domingo, 8 de agosto de 2010

...DEPORTE y DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD I...


DEPORTE y DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD (I)

Hoy en día ya nadie duda acerca de qué aptitudes son necesarias enseñar y desarrollar en los hijos.

Una de ellas es: saber distribuir el tiempo.

Es posible que ningún padre sepa cómo encauzar la educación de esta aptitud si antes no lo ha pensado. Una vez planteado conviene conocer sobre qué principios se va a soportar.

Manejo y distribución del tiempo implican la virtud de la laboriosidad y el aprovechamiento del tiempo, del que NO disponemos de forma libre y gratuita.

Un buen ámbito para el desarrollo de esta aptitud es el deporte.

El deporte es necesario para la formación personal, física, psicológica y social.

Cuando pensamos en qué deporte pueden practicar nuestros hijos hay que decidir entre aquellos de carácter individual o de equipo.

Sin ánimo de favorecer a unos u otros, conviene señalar que las actividades individuales que nuestros hijos desarrollan, especialmente en edades tempranas, son, en todo caso, grupales. Por tanto en las edades de deporte escolar no cabe hablar de individualidad.

Pero aún cuando alguno de nuestros hijos se decantase por un deporte mal llamado individual, no cabe duda de que en competición estará sólo, pero detrás estará su equipo: entrenador, preparador físico, compañeros de entrenamiento y sobre todo, su familia.

¿En qué ayuda el deporte para la conformación de la personalidad ?

En primer lugar desarrolla la capacidad de compromiso. En los primeros años de práctica deportiva son los padres los que deciden qué actividad pueden realizar los hijos. No debemos olvidar que no sólo tiene que poder desarrollarla, también que le convenga y se ajuste a sus capacidades. Enfocar inadecuadamente la práctica deportiva conlleva el abandono temprano de la misma: entre los 10 y 12 años, decantándose por otras “actividades” menos formativas.

El compromiso inicial lo adquieren los padres. Éste, se debe tomar teniendo en cuenta las cualidades del hijo y no como preferencia paterna.

Este compromiso pasa a los hijos cuando los padres acompañan y se implican en el desarrollo deportivo, formando grupo con otros padres, hablando con el monitor de la actividad, conociendo el deporte, etc.

Hoy en día nos quejamos de estar rodeados de falta de compromiso, mientras no nos percatamos que en nuestro ámbito familiar más inmediato los hijos “deciden” sin compromiso.

El miedo al compromiso implica personalidad inmadura, débil, con poco afán de superación personal.

De la mano del compromiso viene la responsabilidad.

Aspectos como la puntualidad en la asistencia a la actividad, la preparación… ¿cuántas veces preparamos el material deportivo? ¿Por qué? Si pueden prepararlo y no lo hacen… no conseguimos compromiso, responsabilidad y asistimos al fin de la práctica deportiva de nuestro hijo, que con tanta ilusión comenzó.

Luego vienen los lamentos como… “con lo bien que te lo pasabas”, “qué pena que lo hayas dejado”, etc.

Implicar responsablemente a los hijos en la práctica deportiva forma en el esfuerzo (valor a la baja, por cierto…) y el interés por las cosas bien hechas: en resumen, acabar lo que hayamos empezado.