sábado, 4 de diciembre de 2010

COMPAÑERO Y…CABEZA (I)




Se habla del pádel como “un deporte de cooperación-oposición, caracterizado por la presencia de jugadores compañeros que colaboran para conseguir un resultado común”.
Es un acierto situar este deporte como deporte de equipo.
De la misma forma que resulta importante la colaboración de un buen compañero dentro de la pista, con el que gastamos horas para sincronizar golpes, movimientos de piernas, técnicas de partido, etcétera, resulta imprescindible añadir a este equipo la cabeza. A saber, los recursos psicológicos para el adecuado manejo de la confrontación deportiva en pista.

Como decía Boris Becker “el tenis es un 95% de cabeza”, y así ocurre también con el padel: se hace necesario un desarrollo de habilidades psicológicas que permiten un mejor desarrollo de juego.

¿Y cuáles son estas características psicológicas?
Resultaría extenso abarcar en un solo artículo el desarrollo de todas. Algunas serían: atención, concentración, desarrollo psicomotor, velocidad de procesamiento, lectura y anticipación del juego, toma de decisiones, velocidad de reacción, manejo del estrés, control emocional…

Voy a centrarme en dos aspectos entrelazados entre sí, que a su vez pueden ser entrenados de forma independiente: la atención y la toma de decisiones.

“La capacidad atencional permite fijar el foco atencional para centrarse en la rutina de la tarea, eliminando cualquier elemento externo e irrelevante, siendo decisiva para la ejecución satisfactoria de la acción técnica deportiva”.

Esta puede verse perturbada por estímulos irrelevantes.
La tarea de entrenamiento consiste en reconducir la atención hacia aquellos estímulos visuales, auditivos, cognitivos y propioceptivos que nos informan y ayudan a la correcta ejecución, prescindiendo de los irrelevantes.
Ejemplos de estos estímulos irrelevantes podrían ser: el público que asiste al partido, tener pensamientos de alta o baja competencia frente a los rivales, falta de sincronía con el compañero, malestar físico por la presencia de una lesión, dificultad para la ejecución de un golpe, etc…
Todos ellos suponen un motivo para perder la concentración en el partido.

Ocupar un tiempo a entrenar la capacidad atencional implica ser conocedor de qué estímulos alteran el foco atencional.
Ante los mismos conviene preparar un protocolo de vuelta a la concentración ayudado de otros que resultan de mayor provecho.
Ejmplo: en caso de perder el adecuado nivel atencional por un estimulo visual externo (reflejo solar momentáneo), realizar una corrección sustituyendo esta distracción orientando la visión hacia otro estímulo / objeto que se encuentre dentro de la pista (el oponente, su línea de hombros), previo al saque que se dispone a realizar.
Ejecutar esta tarea de focalización de forma consciente y sistemática durante los entrenamientos facilitaría la adquisición de un buen nivel atencional ante el saque de los contrarios.
Des esta forma se podrían plantear otros ejemplos que glosarían esta capacidad cognitiva.

La toma de decisiones es la ”elección entre las alternativas para resolver diferentes situaciones”.

Esta destreza conlleva la adquisición de habilidades previas: lectura del juego, velocidad de reacción y alta capacidad de procesamiento.
En el mismo se producen situaciones ante las que la ejecución no debe llevarse a la mera improvisación. Esto generaría en los jugadores un equivocado sentido de competencia, no tanto por lo negativo como por la ausencia de reconocimiento de sus propias capacidades técnicas para afrontar el partido, sostenido por el azar.

Manejar situaciones de dificultad técnica requiere una planificación, un plan de competición que reduzca la posibilidad de que el juego dependa sólo de los rivales y no de la autocompetencia percibida.

Se hace necesario un trabajo de evaluación de los detalles técnicos y tácticos propios que permitan reunir todas las habilidades deportivas que desarrollamos durante el juego y que dotan a los jugadores de seguridad en su elección para una adecuada ejecución y garantía de éxito.

No se trata de saber qué hacer ante unos rivales u otros, que sí puede ser bueno a priori, sino de conocer los propios recursos, con planteamientos realistas; mejorarlos e incardinarlos en el plan a desarrollar durante la competición.

Que los rivales hagan uso de voleas y apoyos de pared, no determina el juego que podamos desarrollar, aunque sí tendremos previsto como devolver la bola de manera adecuada, pero partiendo de las habilidades técnicas que conocemos y entrenamos.

Conviene entrenar estos aspectos que fundamenten una estrategia de juego que no deje a la improvisación o al azar el afrontamiento al partido.
De esta forma minimizamos el riesgo de estrés por ausencia de control del juego y la desfozalización atencional por estímulo irrelevantes – en este caso de carácter cognitivo – que impiden un pobre desarrollo de nuestro juego.

En el próximo número abordaré el desarrollo de otras habilidades psicológicas para el afrontamiento exitoso de una competición de padel.