jueves, 3 de junio de 2010

...DOSIS DE MOTIVACIÓN...


Desde la psicología del deporte el enfoque que se le presta a la motivación es la de considerarlo un factor más del entrenamiento que todo buen deportista no puede olvidar. Ésta incide en el rendimiento y resultado, pero además hay otros muchos factores que inciden: expectativas, atribuciones del éxito y del fracaso, afrontamiento del estrés, manejo de la ansiedad pre-competitiva, atención, concentración etc.

En este apartado vamos a desgranar los diferentes aspectos de trabajo psicológico aplicado al deporte. Lo expuesto puede ser aplicado a deportistas de muy diferentes niveles. La única diferencia que los distinguirá serán sus objetivos deportivos, bien competición, bien salud y bienestar.

En diferentes medios de comunicación se etiqueta la ausencia de motivación como una de las causas de un desenlace negativo deportivo.
Según esto cualquiera que perdiese una partida de padel estaría en situación de desmotivación: la misma que nuestra gran deportista de alta montaña Edurne Pasabán, cuando no ha logrado finalizar alguna de sus proezas.
Equivocado estaría quien piense que la base de todo buen deportista está sólo en sus niveles de motivación, pues según esto, el denostado empeño de nuestra deportista podría ser etiquetado como locura.

No es desacertado pensar que detrás de repetidos tropiezos deportivos pueda estar a la base del problema un clima motivacional negativo que empapa a deportista y cuerpo técnico, pero tampoco sería cierto generalizarlo a cualquier deporte y cualquier deportista.

No hay que olvidar que de la misma forma que en el día a día no somos capaces de estar al 100% de nuestras cualidades físicas y mentales, tampoco en el deporte es posible este nivel.
Los elementos de motivación extrínseca que percibe un deportista de alto nivel no son su único referente: prueba de ello está en deportistas de altísimo nivel que han echado a perder sus vidas a pesar de “tenerlo todo”.

Con este planteamiento es posible preguntarse dónde reside el “quid”, el engranaje que facilita un nivel óptimo de motivación en el deportista. Fundamentalmente se encuentra en lo que se denomina Plan Integral de Competición (PIC), que no es más que el camino a seguir para llegar a ser “el mejor”, en mi deporte, en mi actividad física.

Pasemos ahora a ver alguna aplicación práctica, tanto en deportista de alto rendimiento, como en deporte amateur, como aquellos que buscan salud-bienestar.

Los que buscamos en el deporte un lugar de esparcimiento, relax y salud, cumplimos nuestros objetivos, nuestro PIC y por lo tanto alcanzamos dosis altas de motivación, cuando somos capaces de alcanzar el vestuario, nos enfundamos los aparejos de práctica deportiva y realizamos la rutina prevista para ese día.
Al final de la sesión, en el SPA, la ducha, donde encontramos el refuerzo que nos motiva para volver y cumplir con nuestra siguiente sesión de entrenamiento, que permitirá alcanzar nuestros objetivos previstos desde que iniciamos la práctica deportiva.

Aquellos que dedican su tiempo deportivo a competición amateur lograrán un alto nivel motivacional cuando su empeño les permite ganar ante el rival de cada fin de semana, completando así su compromiso personal y de equipo.

Los deportistas de alto rendimiento o de élite fijan sus objetivos a largo y corto plazo: igual que cualquiera de nosotros.
Cualquier acción, permitida y reglada, permita llegar a sus objetivos, implica dosis elevadas de motivación, que integra el deportista a su bagaje psicológico, comenzando de inmediato el proceso de preparación para la siguiente afrenta competitiva.

Cabe aquí un ejemplo de uno de nuestros mejores deportistas de la historia de España. Tras uno de sus múltiples triunfos deportivos, era requerido por el gabinete de prensa del torneo de forma imperiosa para comparecer ante los medios. La respuesta que recibió quien perseguía a Nadal fue similar a esta: “antes de atender a la prensa tengo que dedicar treinta minutos a realizar estiramientos”, lo que se ha dado en llamar técnicamente, vuelta a la calma. En este caso, el deportista defiende sus objetivos fuera de la competición deportiva. Sus objetivos son claros, derivando en acciones concretas, que facilitan respuestas acertadas ante estresores externos.
Lejos de sentir repulsa ante tales palabras nuestro deportista fue felicitado por su cortesía, amabilidad y nivel de profesionalidad.

Éste ejemplo, igual que otros señalados con anterioridad, son un vivo ejemplo de dónde se sitúa la motivación, orientando de forma acertada las acciones bien sea para subir catorce ocho miles, bien para perder unos kilos de peso y encontrarnos a gusto con nosotros mismos.

martes, 11 de mayo de 2010

LESIONES DEPORTIVAS Y ENTRENAMIENTO PSICOLÓGICO


La prevención de las lesiones deportivas parece un campo destinado a la medicina deportiva, traumatología y fisioterapia.

Desde la psicología del deporte se plantea junto a estas especialidades un trabajo multidisciplinar, siempre y cuando la causa de la lesión sea heterogénea.

Numerosos estudios realizados desde los 90 demuestran cómo la práctica deportiva, unida al entrenamiento psicológico, facilita la prevención de las lesiones. Trabajar con el deportista después de sufrir la lesión mejora la recuperación - tiempo de baja, futuras recaídas, reincorporación a la actividad deportiva, secuelas físicas y psicológicas,...-.

En cuanto a las causas se puede hablar de factores externos - hábitos, entrenador, compañeros, ambiente…, -, e internos - desarrollo físico, aptitudes deportivas, etc. -.
En ambos casos existe la posibilidad de una intervención psicológica: bien dotando al deportista y a su entorno de herramientas para el manejo de los elementos e influencias externas, bien interviniendo en todo el acervo de aptitudes psicológicas que comprometen el rendimiento y la recuperación.
Ambas causas pueden ser manejadas y controladas por el deportista.
Un ejemplo de causa externa sería cuando el deportista utiliza un material deficitario que puede favorecer la lesión.
Como ejemplo de causa interna, la motivación que permite la adherencia a la práctica deportiva o el control sobre la ejecución técnica de la disciplina que practique.

Como aspecto psicológico más importante estudiado desde los 70, está el estrés psicosocial.

El estrés del deportista puede tener una base multi-causal: alteraciones fisiológicas, conductuales y psicológicas. Las alteraciones fisiológicas han sido consideradas fundamentales: si se lleva al organismo a un sobre-funcionamiento puede producirse un debilitamiento del sistema inmunitario que aumenta la probabilidad de que se presenten diferentes trastornos.

Las alteraciones conductuales están condicionadas por las técnicas utilizadas por el deportista para afrontar las situaciones potencialmente estresantes a las que esté expuesto, pudiendo presentar diferentes pautas en relación con la salud e incidir sobre ésta a través de diferentes mecanismos.
La práctica deportiva orientada al rendimiento, requiere el mantenimiento y control escrupuloso de hábitos que faciliten el afrontamiento que producen las importantes cargas de estrés físico y psicológico a las que son sometidos los deportistas durante el proceso de entrenamiento y competición. Todo esto hace que el deportista deba adoptar una serie de medidas preventivas, que conviertan las rutinas del deportista en un complejo engranaje de hábitos conductuales, que pueden verse alterados por la presencia de niveles inadecuados de estrés.

Con respecto a las alteraciones psicológicas, numerosos estudios demuestran que niveles inadecuados de atención por parte del deportista inciden de forma directa en la relación entre la respuesta de estrés y la mayor incidencia de lesiones y accidentes en el contexto deportivo. La eficacia de la ejecución deportiva, de elevada complejidad biomecánica, depende, entre otros aspectos, del establecimiento de un adecuado foco atencional que permita recibir la información externa y/o interna relevante en cada situación deportiva. La ineficacia en este proceso propiciará errores en la adecuada toma de decisiones y en la posterior ejecución de la respuesta motriz.

Para dar explicación a las lesiones deportivas desde un prisma psicológico los autores Andersen y Williams (1998) tienen en cuenta los siguientes aspectos: situaciones deportivas potencialmente estresantes, estilo de afrontamiento que éste tiene ante las mismas, respuestas físicas producidas por la fuente estresora y las lesiones resultantes.
Para un estudio pormenorizado del deportista, independientemente de la disciplina y su dedicación – profesional, amateur, deporte-salud - se realiza un estudio de los rasgos de personalidad, historial de estresores, aproximación cognitiva, resolución de conflictos y toma de decisiones.
Con estos datos es posible trazar un plan de actuación para la prevención de las lesiones. Este trabajo se realiza con el deportista antes, durante y después de la lesión, como forma de prevenir, trabajar y reforzar los estilos de conducta que aminoren el riesgo de sufrir lesiones.
Como aspecto práctico para los lectores a los que se dirige esta sección, es necesario trazar unos objetivos de trabajo, que orientan la motivación y desglosar el trabajo físico de cada sesión, siendo conocedor de las circunstancias en las que cada uno desenvuelve su práctica deportiva, atendiendo a un correcto control sobre el gesto deportivo, sin añadir innecesariamente sobrecarga al cuerpo.

lunes, 10 de mayo de 2010

www.el-psicologo.es


Desde este blog pretendo continuar con la labor de difusión de una psicología bien hecha, centrada en la persona, no en la técnica, aunque ésta sea necesaria.
Es una asignatura pendiente de mi web (www.el-psicologo.es) las publicaciones, por lo que éste es otro de los motivos que me llevan a iniciar esta publicación on-line.
Deseo llegar a muchos y aprender de todos.
Gracias.