Claves psicológicas de la Selección Española de Fútbol.
Todos los aficionados al deporte nos congratulamos por el triunfo de España en el pasado Mundial de fútbol.
En este artículo se desgranan algunas de las claves psicológicas que el combinado español supo poner en práctica, individual y grupalmente, permitiendo el manejo de situaciones adversas y convirtiéndolas en trampolín para el éxito final.
Un grupo de deportistas cuyo denominador común es el juego y los colores de la camiseta, a priori, no garantiza el éxito. La clave del mismo radica en conocer la potencialidad de cada jugador y optimizarla en servicio del grupo.
Así hizo el entrenador, V. del Bosque; estudiando el rendimiento de cada "pieza del engranaje" dentro y fuera del campo, supo combinarlos para que partido a partido, y unidos en un mismo objetivo, alcanzasen la gloria final.
A este respecto cabe señalar cómo la cohesión del grupo, inteligentemente dirigida por el entrenador, favorece el desarrollo del equipo, dentro y fuera del campo. Todos recordamos, no sólo los goles, sino el buen ambiente que emanaba de nuestra selección. Este ambiente se deja ver cuando, dentro y fuera del campo, existe complicidad entre los jugadores, con el equipo técnico, la directiva de la Federación, la cercanía al público, la naturalidad de sus declaraciones ante los medios de comunicación, etc.
En las charlas preparatorias para los encuentros, el entrenador pone a disposición del jugador (individual) y del equipo (colectividad), no sólo la sabiduría del que sabe, sino que, conciendo la realidad de cada encuentro, la repercusión mediática y las fuentes que desequilibran al equipo, hace rendir a cada uno a su nivel, al servicio del equipo.
Este aspecto, conocido en psicología del deporte como autoconfianza, cimenta sus raíces, no en el saberse o creerse ganador, sino en el hecho de ser consciente de qué aspectos externos e internos pueden afectar al rendimiento (noticias, ruedas de prensa, comentarios, declaraciones de otros equipos, lesiones, buen ambiente, alimentación, descanso, etc.), y las posibilidades reales y objetivas que pueden permitir alcanzar los objetivos marcados dentro del seno del equipo.
Así las cosas, si tras el primer partido de España frente a Suiza, cada jugador y técnico del equipo se hubiese guiado por las percepciones ajenas sobre el rendimiento propio y del equipo, muy probablemente hoy no estaríamos celebrando el primer triunfo futbolístico en un mundial.
Tras dicho partido todas las declaraciones realizadas en el entorno del equipo y medios de comunicación, eran negativas y con predicciones poco halagüeñas.
La presión supo manejarse de forma adecuada, sin dejarse influir, pudiendo afrontar el siguiente encuentro de forma exitosa.
Otro comportamiento que deja traslucir esta faceta psicológica son las declaraciones que después de cada partido hacían tanto jugadores como entrenador, sabedores de su potencialidad y realistas en cómo ponerla en práctica a pesar de las adversidades presentadas o futuros encuentros complicados.
En todo caso distaban siempre de las percepciones y apreciaciones subjetivas de periodistas y "expertos" en materia deportiva.
La autoconfianza se basa en principios como la demarcación de objetivos y un alto nivel de motivación.
Tanto el entrenador como los jugadores tenían en su cabeza el triunfo final, sin dejar de lado las posibilidades reales. La certera percepción de sí mismos, unida a una sobresaliente decisión de esfuerzo permanente, conjugaban un cocktail que aseguraba un nivel de activación que hacía rendir al equipo de forma excelente ante rivales, que siendo incluso superiores, podían, como así ocurrió, "pinchar".
Hemos señalado hasta ahora habilidades como: cohesión de grupo, autoconfianza y motivación, siendo buen ejemplo el rendimiento que mostró nuestra selección.
Algunas manifestaciones que podrían tildarse de poco adecuadas dentro de esta misma competición podrían ser las manifestaciones externas de enfado y enfrentamiento que algunos jugadores mostraron con su entrenador.
Es el caso de Cristiano Ronaldo, que ante el inminente final del partido, por ser sustituido por otro compañero, por la pérdida de la plaza para pasar a la siguiente fase, perdía el "oremus" y provocaba enfrentamientos.
Un jugador de este nivel, que se precie, no puede permitirse estos "desvaríos", pues influyen en su rendimiento, denotando una elevada carencia para el manejo de estresores externos e internos.
Así mismo el ex-jugador y ex-entrenador de la selección albiceleste, Diego Armando Maradona, dejaba entrever en sus declaraciones sobre la selección española, que desconoce y maneja inadecuadamente las situaciones que percibe como amenazantes, como podría haber sido un posible encuentro entre su equipo y España, intentando trasladar sus miedos hacia posibles culpables como el árbitro, el entrenador del otro equipo o los jugadores del mismo. Lo que llamamos "echar balones fuera", que implica una forma de desconocimiento e impide un cambio futuro hacia la mejora personal y del equipo que dirigía.
Para terminar, cabe señalar que el nivel de excelencia con el que nuestra selección jugó el pasado mundial, no se debe a la casualidad, sino al trabajo realizado mucho antes de la cita mundialista y que se remonta a cuando el entrenador inició su andadura como seleccionador, rodeándose de un equipo de trabajo eficiente y asesorado por profesionales deportivos, técnicos, médicos, fisioterapeutas y psicólogos.
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