viernes, 24 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
COMPAÑERO Y…CABEZA (I)

Se habla del pádel como “un deporte de cooperación-oposición, caracterizado por la presencia de jugadores compañeros que colaboran para conseguir un resultado común”.
Es un acierto situar este deporte como deporte de equipo.
De la misma forma que resulta importante la colaboración de un buen compañero dentro de la pista, con el que gastamos horas para sincronizar golpes, movimientos de piernas, técnicas de partido, etcétera, resulta imprescindible añadir a este equipo la cabeza. A saber, los recursos psicológicos para el adecuado manejo de la confrontación deportiva en pista.
Como decía Boris Becker “el tenis es un 95% de cabeza”, y así ocurre también con el padel: se hace necesario un desarrollo de habilidades psicológicas que permiten un mejor desarrollo de juego.
¿Y cuáles son estas características psicológicas?
Resultaría extenso abarcar en un solo artículo el desarrollo de todas. Algunas serían: atención, concentración, desarrollo psicomotor, velocidad de procesamiento, lectura y anticipación del juego, toma de decisiones, velocidad de reacción, manejo del estrés, control emocional…
Voy a centrarme en dos aspectos entrelazados entre sí, que a su vez pueden ser entrenados de forma independiente: la atención y la toma de decisiones.
“La capacidad atencional permite fijar el foco atencional para centrarse en la rutina de la tarea, eliminando cualquier elemento externo e irrelevante, siendo decisiva para la ejecución satisfactoria de la acción técnica deportiva”.
Esta puede verse perturbada por estímulos irrelevantes.
La tarea de entrenamiento consiste en reconducir la atención hacia aquellos estímulos visuales, auditivos, cognitivos y propioceptivos que nos informan y ayudan a la correcta ejecución, prescindiendo de los irrelevantes.
Ejemplos de estos estímulos irrelevantes podrían ser: el público que asiste al partido, tener pensamientos de alta o baja competencia frente a los rivales, falta de sincronía con el compañero, malestar físico por la presencia de una lesión, dificultad para la ejecución de un golpe, etc…
Todos ellos suponen un motivo para perder la concentración en el partido.
Ocupar un tiempo a entrenar la capacidad atencional implica ser conocedor de qué estímulos alteran el foco atencional.
Ante los mismos conviene preparar un protocolo de vuelta a la concentración ayudado de otros que resultan de mayor provecho.
Ejmplo: en caso de perder el adecuado nivel atencional por un estimulo visual externo (reflejo solar momentáneo), realizar una corrección sustituyendo esta distracción orientando la visión hacia otro estímulo / objeto que se encuentre dentro de la pista (el oponente, su línea de hombros), previo al saque que se dispone a realizar.
Ejecutar esta tarea de focalización de forma consciente y sistemática durante los entrenamientos facilitaría la adquisición de un buen nivel atencional ante el saque de los contrarios.
Des esta forma se podrían plantear otros ejemplos que glosarían esta capacidad cognitiva.
La toma de decisiones es la ”elección entre las alternativas para resolver diferentes situaciones”.
Esta destreza conlleva la adquisición de habilidades previas: lectura del juego, velocidad de reacción y alta capacidad de procesamiento.
En el mismo se producen situaciones ante las que la ejecución no debe llevarse a la mera improvisación. Esto generaría en los jugadores un equivocado sentido de competencia, no tanto por lo negativo como por la ausencia de reconocimiento de sus propias capacidades técnicas para afrontar el partido, sostenido por el azar.
Manejar situaciones de dificultad técnica requiere una planificación, un plan de competición que reduzca la posibilidad de que el juego dependa sólo de los rivales y no de la autocompetencia percibida.
Se hace necesario un trabajo de evaluación de los detalles técnicos y tácticos propios que permitan reunir todas las habilidades deportivas que desarrollamos durante el juego y que dotan a los jugadores de seguridad en su elección para una adecuada ejecución y garantía de éxito.
No se trata de saber qué hacer ante unos rivales u otros, que sí puede ser bueno a priori, sino de conocer los propios recursos, con planteamientos realistas; mejorarlos e incardinarlos en el plan a desarrollar durante la competición.
Que los rivales hagan uso de voleas y apoyos de pared, no determina el juego que podamos desarrollar, aunque sí tendremos previsto como devolver la bola de manera adecuada, pero partiendo de las habilidades técnicas que conocemos y entrenamos.
Conviene entrenar estos aspectos que fundamenten una estrategia de juego que no deje a la improvisación o al azar el afrontamiento al partido.
De esta forma minimizamos el riesgo de estrés por ausencia de control del juego y la desfozalización atencional por estímulo irrelevantes – en este caso de carácter cognitivo – que impiden un pobre desarrollo de nuestro juego.
En el próximo número abordaré el desarrollo de otras habilidades psicológicas para el afrontamiento exitoso de una competición de padel.
sábado, 30 de octubre de 2010
...VIDEO...
sábado, 9 de octubre de 2010
Recuperar la figura del ‘maestro’
Copio y pego un artículo de interés acerca de la figura del profesor que entiendo primordial en esta sociedad deshumanizada.
Recuperar la figura del ‘maestro’
sábado, 09 de octubre de 2010
Javier Laspalas
Diario de Navarra
Si como algunos sostienen, la nuestra es una ‘sociedad del conocimiento’, en la que la ‘formación’ es un asunto capital, resulta un tanto extraño que se haya instituido un ‘Día del Docente’. Más bien habría que pensar que la preocupación por los maestros es algo prioritario y cotidiano, y esa celebración tiene un simple carácter simbólico.
Me parece, sin embargo, que debería servir para reflexionar sobre la identidad y la misión de quienes han asumido la responsabilidad de contribuir —desde las escuelas— a convertir a los niños y a los jóvenes en mejores personas. A quien concibe así su labor no creo que quepa denominarlo ‘docente’ o ‘enseñante’, sino ‘maestro’.
Quienes tengan un cierta edad, podrá comprender mejor a qué me refiero si evoca la figura de los antiguos y venerables ‘maestros de pueblo’. Los mejores de entre ellos —y estoy convencido de que eran muchos— constituyeron durante siglos la avanzadilla de la cultura en los más remotos lugares de España.
Para ellos, la enseñanza no era un oficio al que dedicaban una parte de su tiempo a cambio de un salario, sino una pasión a la que consagraron en buena medida su vida. Aun cuando ello les supusiera un notable esfuerzo, disfrutaban tratando de ilustrar la mente de sus alumnos y, en colaboración con sus padres, procuraban coadyuvar para que su carácter fuera madurando.
Creo que ésta es la principal cualidad que debe poseer un ‘maestro’: interesarse y preocuparse por el destino personal de cada uno de sus pupilos. Si es así, hará todo lo posible para estar a la altura de las circunstancias.
Procurará tener una sólida preparación cultural y dedicará gran parte de su tiempo libre a estudiar su materia para enseñar mejor. Se esforzará por conocer e idear nuevos métodos y técnicas de enseñanza, y seleccionará sólo aquellos que cree contribuyen de manera efectiva a la formación intelectual. Buscará también por todos los medios interesar a sus alumnos y ganarse su confianza y su admiración.
Ahora bien, el buen maestro no puede actuar como un simple ‘docente’, ha de ser además ‘orientador’. En la medida de lo posible, tiene que hacerse cargo de las dificultades y las debilidades de cada uno de sus alumnos, tanto de las ‘intelectuales’ como de las ‘vitales’. Ha de intentar llegar a todos y a cada uno de ellos, aunque no en todos los casos lo logre.
Podrá hacerlo si intenta acercarse a sus discípulos, si cultiva la amistad con ellos, si procura mantener un estrecho contacto con sus padres. En suma, si no se desentiende de su vida cotidiana, pues considera que su única misión es dar clases o corregir trabajos. Sólo entonces podrá dejar una impronta personal en ellos y será recordado con agradecimiento.
Ciertamente, no es fácil luchar por ser fiel a esta vocación en medio de una sociedad que parece haber puesto en exclusiva el sistema educativo al servicio de la cualificación profesional. Tampoco cuando a muchos padres sólo parece interesarles que sus hijos obtengan un título o una preparación que les permita ganarse la vida.
A pesar de ello, estoy convencido de que merece la pena, y de que es mucho más gratificante vivir la enseñanza como una forma de servicio a los alumnos, que reducirla a su dimensión puramente instructiva.
Javier Laspalas. Subdirector del departamento de Educación. Universidad de Navarra
lunes, 20 de septiembre de 2010
...LA VUELTA AL COLE...

Llega el esperado mes de Septiembre para muchos padres.
Tras las merecidas, disfrutadas y duras vacaciones por la atención a los hijos, se inicia un nuevo curso lleno de aspiraciones y repletos de buenos propósitos.
Y por fin el primer día de Colegio, que sólo es de clase por las mañanas…y ¿qué hago con mi hijo por las tardes? Primer escalón… Cuando se inicia el curso por las tardes y el niño come en el colegio…¿cómo organizo las tardes?...
Y así pasan los primeros meses que se presumían estupendos, por aquello de “la vuelta a la rutina” y el “día a día”.
Pero, ¿qué es verdaderamente la rutina?, ¿se impone?, ¿la aprende sólo el niño?, ¿lo programamos todo para que sepa en cada momento qué hacer?... éstas y un sinfín de dudas nos surgen a los padres cuando encauzamos el curso. La vuelta al Cole…
Partamos de la base de que las rutinas son la repetición de acciones en un mismo orden.
Que éstas son la base de los hábitos, por lo que se interioriza adecuadamente la acción si adecuo a la edad de mis hijos las tareas que deben realizar.
Gracias a estos hábitos positivos se alcanza la virtud, que mejora los aspectos de la persona y sus acciones futuras.
Cuando planifiquemos las rutinas de cara a la educación de los hijos, hemos de tomar como base que éstas no sólo nos facilitan la vida a nosotros, sino que educan el comportamiento de los pequeños.
Así mismo demarcan los límites de las acciones, de lo bueno y de lo malo.
Pero, ¿qué acciones hemos de tomar en consideración para educar a nuestros hijos? Fundamentalmente: el sueño, la alimentación, la higiene y el orden.
En cuanto al sueño que tenga una hora para acostarse y levantarse, que aprendan a permanecer aunque no se duerman inmediatamente y que duerman toda la noche en su habitación.
En cuanto a la alimentación los hijos deben aprender a comer de todo y solos, en el tiempo previsto, sin distracciones para comer, sentados y en un ambiente relajado y positivo.
En cuanto a la higiene: ducha diaria, lavarse la cara y las manos cuando lo necesita y les enseño a limpiarse y a tirar de la cadena cuando van al baño.
Por último el orden: que les proporciona la oportunidad de ser ordenados teniendo establecido un sitio para cada cosa. Por ejemplo: después de cada juego “jugamos” a cada cosa en su sitio.
Debemos programar y dedicar un tiempo para la comida, el sueño y la higiene.
Para ello ayuda el concretar unas cuantas normas que se han de cumplir procurando que existe unidad de criterio entre el padre y la madre, siendo firmes en las normas fundamentales cuando el niño nos “prueba”.
Con estas pinceladas podemos hacernos una idea de qué queremos y podemos preparar el cómo vamos a hacerlo, que se adapta a cada familia.
jueves, 16 de septiembre de 2010
...LA UNIÓN HACE LA FUERZA...
Claves psicológicas de la Selección Española de Fútbol.
Todos los aficionados al deporte nos congratulamos por el triunfo de España en el pasado Mundial de fútbol.
En este artículo se desgranan algunas de las claves psicológicas que el combinado español supo poner en práctica, individual y grupalmente, permitiendo el manejo de situaciones adversas y convirtiéndolas en trampolín para el éxito final.
Un grupo de deportistas cuyo denominador común es el juego y los colores de la camiseta, a priori, no garantiza el éxito. La clave del mismo radica en conocer la potencialidad de cada jugador y optimizarla en servicio del grupo.
Así hizo el entrenador, V. del Bosque; estudiando el rendimiento de cada "pieza del engranaje" dentro y fuera del campo, supo combinarlos para que partido a partido, y unidos en un mismo objetivo, alcanzasen la gloria final.
A este respecto cabe señalar cómo la cohesión del grupo, inteligentemente dirigida por el entrenador, favorece el desarrollo del equipo, dentro y fuera del campo. Todos recordamos, no sólo los goles, sino el buen ambiente que emanaba de nuestra selección. Este ambiente se deja ver cuando, dentro y fuera del campo, existe complicidad entre los jugadores, con el equipo técnico, la directiva de la Federación, la cercanía al público, la naturalidad de sus declaraciones ante los medios de comunicación, etc.
En las charlas preparatorias para los encuentros, el entrenador pone a disposición del jugador (individual) y del equipo (colectividad), no sólo la sabiduría del que sabe, sino que, conciendo la realidad de cada encuentro, la repercusión mediática y las fuentes que desequilibran al equipo, hace rendir a cada uno a su nivel, al servicio del equipo.
Este aspecto, conocido en psicología del deporte como autoconfianza, cimenta sus raíces, no en el saberse o creerse ganador, sino en el hecho de ser consciente de qué aspectos externos e internos pueden afectar al rendimiento (noticias, ruedas de prensa, comentarios, declaraciones de otros equipos, lesiones, buen ambiente, alimentación, descanso, etc.), y las posibilidades reales y objetivas que pueden permitir alcanzar los objetivos marcados dentro del seno del equipo.
Así las cosas, si tras el primer partido de España frente a Suiza, cada jugador y técnico del equipo se hubiese guiado por las percepciones ajenas sobre el rendimiento propio y del equipo, muy probablemente hoy no estaríamos celebrando el primer triunfo futbolístico en un mundial.
Tras dicho partido todas las declaraciones realizadas en el entorno del equipo y medios de comunicación, eran negativas y con predicciones poco halagüeñas.
La presión supo manejarse de forma adecuada, sin dejarse influir, pudiendo afrontar el siguiente encuentro de forma exitosa.
Otro comportamiento que deja traslucir esta faceta psicológica son las declaraciones que después de cada partido hacían tanto jugadores como entrenador, sabedores de su potencialidad y realistas en cómo ponerla en práctica a pesar de las adversidades presentadas o futuros encuentros complicados.
En todo caso distaban siempre de las percepciones y apreciaciones subjetivas de periodistas y "expertos" en materia deportiva.
La autoconfianza se basa en principios como la demarcación de objetivos y un alto nivel de motivación.
Tanto el entrenador como los jugadores tenían en su cabeza el triunfo final, sin dejar de lado las posibilidades reales. La certera percepción de sí mismos, unida a una sobresaliente decisión de esfuerzo permanente, conjugaban un cocktail que aseguraba un nivel de activación que hacía rendir al equipo de forma excelente ante rivales, que siendo incluso superiores, podían, como así ocurrió, "pinchar".
Hemos señalado hasta ahora habilidades como: cohesión de grupo, autoconfianza y motivación, siendo buen ejemplo el rendimiento que mostró nuestra selección.
Algunas manifestaciones que podrían tildarse de poco adecuadas dentro de esta misma competición podrían ser las manifestaciones externas de enfado y enfrentamiento que algunos jugadores mostraron con su entrenador.
Es el caso de Cristiano Ronaldo, que ante el inminente final del partido, por ser sustituido por otro compañero, por la pérdida de la plaza para pasar a la siguiente fase, perdía el "oremus" y provocaba enfrentamientos.
Un jugador de este nivel, que se precie, no puede permitirse estos "desvaríos", pues influyen en su rendimiento, denotando una elevada carencia para el manejo de estresores externos e internos.
Así mismo el ex-jugador y ex-entrenador de la selección albiceleste, Diego Armando Maradona, dejaba entrever en sus declaraciones sobre la selección española, que desconoce y maneja inadecuadamente las situaciones que percibe como amenazantes, como podría haber sido un posible encuentro entre su equipo y España, intentando trasladar sus miedos hacia posibles culpables como el árbitro, el entrenador del otro equipo o los jugadores del mismo. Lo que llamamos "echar balones fuera", que implica una forma de desconocimiento e impide un cambio futuro hacia la mejora personal y del equipo que dirigía.
Para terminar, cabe señalar que el nivel de excelencia con el que nuestra selección jugó el pasado mundial, no se debe a la casualidad, sino al trabajo realizado mucho antes de la cita mundialista y que se remonta a cuando el entrenador inició su andadura como seleccionador, rodeándose de un equipo de trabajo eficiente y asesorado por profesionales deportivos, técnicos, médicos, fisioterapeutas y psicólogos.domingo, 8 de agosto de 2010
...DEPORTE y DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD I...

DEPORTE y DESARROLLO DE LA PERSONALIDAD (I)
Hoy en día ya nadie duda acerca de qué aptitudes son necesarias enseñar y desarrollar en los hijos.
Una de ellas es: saber distribuir el tiempo.
Es posible que ningún padre sepa cómo encauzar la educación de esta aptitud si antes no lo ha pensado. Una vez planteado conviene conocer sobre qué principios se va a soportar.
Manejo y distribución del tiempo implican la virtud de la laboriosidad y el aprovechamiento del tiempo, del que NO disponemos de forma libre y gratuita.
Un buen ámbito para el desarrollo de esta aptitud es el deporte.
El deporte es necesario para la formación personal, física, psicológica y social.
Cuando pensamos en qué deporte pueden practicar nuestros hijos hay que decidir entre aquellos de carácter individual o de equipo.
Sin ánimo de favorecer a unos u otros, conviene señalar que las actividades individuales que nuestros hijos desarrollan, especialmente en edades tempranas, son, en todo caso, grupales. Por tanto en las edades de deporte escolar no cabe hablar de individualidad.
Pero aún cuando alguno de nuestros hijos se decantase por un deporte mal llamado individual, no cabe duda de que en competición estará sólo, pero detrás estará su equipo: entrenador, preparador físico, compañeros de entrenamiento y sobre todo, su familia.
¿En qué ayuda el deporte para la conformación de la personalidad ?
En primer lugar desarrolla la capacidad de compromiso. En los primeros años de práctica deportiva son los padres los que deciden qué actividad pueden realizar los hijos. No debemos olvidar que no sólo tiene que poder desarrollarla, también que le convenga y se ajuste a sus capacidades. Enfocar inadecuadamente la práctica deportiva conlleva el abandono temprano de la misma: entre los 10 y 12 años, decantándose por otras “actividades” menos formativas.
El compromiso inicial lo adquieren los padres. Éste, se debe tomar teniendo en cuenta las cualidades del hijo y no como preferencia paterna.
Este compromiso pasa a los hijos cuando los padres acompañan y se implican en el desarrollo deportivo, formando grupo con otros padres, hablando con el monitor de la actividad, conociendo el deporte, etc.
Hoy en día nos quejamos de estar rodeados de falta de compromiso, mientras no nos percatamos que en nuestro ámbito familiar más inmediato los hijos “deciden” sin compromiso.
El miedo al compromiso implica personalidad inmadura, débil, con poco afán de superación personal.
De la mano del compromiso viene la responsabilidad.
Aspectos como la puntualidad en la asistencia a la actividad, la preparación… ¿cuántas veces preparamos el material deportivo? ¿Por qué? Si pueden prepararlo y no lo hacen… no conseguimos compromiso, responsabilidad y asistimos al fin de la práctica deportiva de nuestro hijo, que con tanta ilusión comenzó.
Luego vienen los lamentos como… “con lo bien que te lo pasabas”, “qué pena que lo hayas dejado”, etc.
Implicar responsablemente a los hijos en la práctica deportiva forma en el esfuerzo (valor a la baja, por cierto…) y el interés por las cosas bien hechas: en resumen, acabar lo que hayamos empezado.
jueves, 3 de junio de 2010
...DOSIS DE MOTIVACIÓN...

Desde la psicología del deporte el enfoque que se le presta a la motivación es la de considerarlo un factor más del entrenamiento que todo buen deportista no puede olvidar. Ésta incide en el rendimiento y resultado, pero además hay otros muchos factores que inciden: expectativas, atribuciones del éxito y del fracaso, afrontamiento del estrés, manejo de la ansiedad pre-competitiva, atención, concentración etc.
En este apartado vamos a desgranar los diferentes aspectos de trabajo psicológico aplicado al deporte. Lo expuesto puede ser aplicado a deportistas de muy diferentes niveles. La única diferencia que los distinguirá serán sus objetivos deportivos, bien competición, bien salud y bienestar.
En diferentes medios de comunicación se etiqueta la ausencia de motivación como una de las causas de un desenlace negativo deportivo.
Según esto cualquiera que perdiese una partida de padel estaría en situación de desmotivación: la misma que nuestra gran deportista de alta montaña Edurne Pasabán, cuando no ha logrado finalizar alguna de sus proezas.
Equivocado estaría quien piense que la base de todo buen deportista está sólo en sus niveles de motivación, pues según esto, el denostado empeño de nuestra deportista podría ser etiquetado como locura.
No es desacertado pensar que detrás de repetidos tropiezos deportivos pueda estar a la base del problema un clima motivacional negativo que empapa a deportista y cuerpo técnico, pero tampoco sería cierto generalizarlo a cualquier deporte y cualquier deportista.
No hay que olvidar que de la misma forma que en el día a día no somos capaces de estar al 100% de nuestras cualidades físicas y mentales, tampoco en el deporte es posible este nivel.
Los elementos de motivación extrínseca que percibe un deportista de alto nivel no son su único referente: prueba de ello está en deportistas de altísimo nivel que han echado a perder sus vidas a pesar de “tenerlo todo”.
Con este planteamiento es posible preguntarse dónde reside el “quid”, el engranaje que facilita un nivel óptimo de motivación en el deportista. Fundamentalmente se encuentra en lo que se denomina Plan Integral de Competición (PIC), que no es más que el camino a seguir para llegar a ser “el mejor”, en mi deporte, en mi actividad física.
Pasemos ahora a ver alguna aplicación práctica, tanto en deportista de alto rendimiento, como en deporte amateur, como aquellos que buscan salud-bienestar.
Los que buscamos en el deporte un lugar de esparcimiento, relax y salud, cumplimos nuestros objetivos, nuestro PIC y por lo tanto alcanzamos dosis altas de motivación, cuando somos capaces de alcanzar el vestuario, nos enfundamos los aparejos de práctica deportiva y realizamos la rutina prevista para ese día.
Al final de la sesión, en el SPA, la ducha, donde encontramos el refuerzo que nos motiva para volver y cumplir con nuestra siguiente sesión de entrenamiento, que permitirá alcanzar nuestros objetivos previstos desde que iniciamos la práctica deportiva.
Aquellos que dedican su tiempo deportivo a competición amateur lograrán un alto nivel motivacional cuando su empeño les permite ganar ante el rival de cada fin de semana, completando así su compromiso personal y de equipo.
Los deportistas de alto rendimiento o de élite fijan sus objetivos a largo y corto plazo: igual que cualquiera de nosotros.
Cualquier acción, permitida y reglada, permita llegar a sus objetivos, implica dosis elevadas de motivación, que integra el deportista a su bagaje psicológico, comenzando de inmediato el proceso de preparación para la siguiente afrenta competitiva.
Cabe aquí un ejemplo de uno de nuestros mejores deportistas de la historia de España. Tras uno de sus múltiples triunfos deportivos, era requerido por el gabinete de prensa del torneo de forma imperiosa para comparecer ante los medios. La respuesta que recibió quien perseguía a Nadal fue similar a esta: “antes de atender a la prensa tengo que dedicar treinta minutos a realizar estiramientos”, lo que se ha dado en llamar técnicamente, vuelta a la calma. En este caso, el deportista defiende sus objetivos fuera de la competición deportiva. Sus objetivos son claros, derivando en acciones concretas, que facilitan respuestas acertadas ante estresores externos.
Lejos de sentir repulsa ante tales palabras nuestro deportista fue felicitado por su cortesía, amabilidad y nivel de profesionalidad.
Éste ejemplo, igual que otros señalados con anterioridad, son un vivo ejemplo de dónde se sitúa la motivación, orientando de forma acertada las acciones bien sea para subir catorce ocho miles, bien para perder unos kilos de peso y encontrarnos a gusto con nosotros mismos.
martes, 11 de mayo de 2010
LESIONES DEPORTIVAS Y ENTRENAMIENTO PSICOLÓGICO

La prevención de las lesiones deportivas parece un campo destinado a la medicina deportiva, traumatología y fisioterapia.
Desde la psicología del deporte se plantea junto a estas especialidades un trabajo multidisciplinar, siempre y cuando la causa de la lesión sea heterogénea.
Numerosos estudios realizados desde los 90 demuestran cómo la práctica deportiva, unida al entrenamiento psicológico, facilita la prevención de las lesiones. Trabajar con el deportista después de sufrir la lesión mejora la recuperación - tiempo de baja, futuras recaídas, reincorporación a la actividad deportiva, secuelas físicas y psicológicas,...-.
En cuanto a las causas se puede hablar de factores externos - hábitos, entrenador, compañeros, ambiente…, -, e internos - desarrollo físico, aptitudes deportivas, etc. -.
En ambos casos existe la posibilidad de una intervención psicológica: bien dotando al deportista y a su entorno de herramientas para el manejo de los elementos e influencias externas, bien interviniendo en todo el acervo de aptitudes psicológicas que comprometen el rendimiento y la recuperación.
Ambas causas pueden ser manejadas y controladas por el deportista.
Un ejemplo de causa externa sería cuando el deportista utiliza un material deficitario que puede favorecer la lesión.
Como ejemplo de causa interna, la motivación que permite la adherencia a la práctica deportiva o el control sobre la ejecución técnica de la disciplina que practique.
Como aspecto psicológico más importante estudiado desde los 70, está el estrés psicosocial.
El estrés del deportista puede tener una base multi-causal: alteraciones fisiológicas, conductuales y psicológicas. Las alteraciones fisiológicas han sido consideradas fundamentales: si se lleva al organismo a un sobre-funcionamiento puede producirse un debilitamiento del sistema inmunitario que aumenta la probabilidad de que se presenten diferentes trastornos.
Las alteraciones conductuales están condicionadas por las técnicas utilizadas por el deportista para afrontar las situaciones potencialmente estresantes a las que esté expuesto, pudiendo presentar diferentes pautas en relación con la salud e incidir sobre ésta a través de diferentes mecanismos.
La práctica deportiva orientada al rendimiento, requiere el mantenimiento y control escrupuloso de hábitos que faciliten el afrontamiento que producen las importantes cargas de estrés físico y psicológico a las que son sometidos los deportistas durante el proceso de entrenamiento y competición. Todo esto hace que el deportista deba adoptar una serie de medidas preventivas, que conviertan las rutinas del deportista en un complejo engranaje de hábitos conductuales, que pueden verse alterados por la presencia de niveles inadecuados de estrés.
Con respecto a las alteraciones psicológicas, numerosos estudios demuestran que niveles inadecuados de atención por parte del deportista inciden de forma directa en la relación entre la respuesta de estrés y la mayor incidencia de lesiones y accidentes en el contexto deportivo. La eficacia de la ejecución deportiva, de elevada complejidad biomecánica, depende, entre otros aspectos, del establecimiento de un adecuado foco atencional que permita recibir la información externa y/o interna relevante en cada situación deportiva. La ineficacia en este proceso propiciará errores en la adecuada toma de decisiones y en la posterior ejecución de la respuesta motriz.
Para dar explicación a las lesiones deportivas desde un prisma psicológico los autores Andersen y Williams (1998) tienen en cuenta los siguientes aspectos: situaciones deportivas potencialmente estresantes, estilo de afrontamiento que éste tiene ante las mismas, respuestas físicas producidas por la fuente estresora y las lesiones resultantes.
Para un estudio pormenorizado del deportista, independientemente de la disciplina y su dedicación – profesional, amateur, deporte-salud - se realiza un estudio de los rasgos de personalidad, historial de estresores, aproximación cognitiva, resolución de conflictos y toma de decisiones.
Con estos datos es posible trazar un plan de actuación para la prevención de las lesiones. Este trabajo se realiza con el deportista antes, durante y después de la lesión, como forma de prevenir, trabajar y reforzar los estilos de conducta que aminoren el riesgo de sufrir lesiones.
Como aspecto práctico para los lectores a los que se dirige esta sección, es necesario trazar unos objetivos de trabajo, que orientan la motivación y desglosar el trabajo físico de cada sesión, siendo conocedor de las circunstancias en las que cada uno desenvuelve su práctica deportiva, atendiendo a un correcto control sobre el gesto deportivo, sin añadir innecesariamente sobrecarga al cuerpo.
lunes, 10 de mayo de 2010
www.el-psicologo.es

Desde este blog pretendo continuar con la labor de difusión de una psicología bien hecha, centrada en la persona, no en la técnica, aunque ésta sea necesaria.
Es una asignatura pendiente de mi web (www.el-psicologo.es) las publicaciones, por lo que éste es otro de los motivos que me llevan a iniciar esta publicación on-line.
Deseo llegar a muchos y aprender de todos.
Gracias.